terça-feira, 15 de dezembro de 2009

Cuento de hadas del siglo XXI

Ana se está divorciando. Triste, pero es la verdad. Todo eso porque ha perdido la fe. No cree en lo que es mágico. No cree… en el ser humano. ¡Pobre mujer!
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Ana siempre fue enamorada por Bruno. Desde que tengo memoria ellos eran así. Bruno, en el principio, no le hacia caso. Sin embargo, con el tiempo ha aprendido a verla de manera diferente. Se han enamorado y tras 4 años de noviazgo han decidido que era hora de tomar la decisión más importante: Contraer matrimonio(si fuera bueno no tendría ese verbo).
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Y así, en un día de verano, todos se fueron a la iglesia para verlos. Emocionante. Lágrimas. Felicidad. Lindo.
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Se pasaron 3 años desde la fecha del matrimonio. Vivían muy felices. Una pareja irritantemente perfecta.
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Un día, Ana ha recibido una llamada de su hermano y cuñada que vivían en un pueblo cerca del suyo. Su hermano le dijo que necesitaba de su ayuda porque su cuñada se encontraba con una enfermedad y no tenían con quien dejarlos a los chiquillos mientras se recuperaba. Ana, que ya les echaba de menos, ha hablado con Bruno sobre la posibilidad de estar fuera por 5 días. Bruno, claro, no se importó. Se la dijo que fuera tranquila que él estaría bien.
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3 días después, Ana se fue a la casa de su hermano.
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Bruno, al contrario de lo que pensaba, no se quedó bien solo. Sentía mucha soledad. Sentía la falta de su Ana en casa. De su sonrisa. De sus cariños. Tuvo fiebre. Eso en los dos primeros días.
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En el tercero día, a la noche, Bruno estaba determinado a no abandonarse a la tristeza y se fue a pasear por las calles de la ciudad… quería olvidarse del dolor que era echar de menos su querida esposa que estaba tan lejos.
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Al pasar por un parque, Bruno ha escuchado, sonidos como que de alas… sonidos raros… no sabía distinguirlos y luego:
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- Pssssssst… oiga… por favor, ayúdeme.
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Bruno miraba para todos los lados y asimismo no veía a nadie. Cuando, de nuevo escucha:
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- Oiga... por favor, ayúdeme. Estoy aquí… en el árbol.
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Bruno, entonces, volteó su mirada para arriba y vio un bicho. Un bicho color ámbar, delgadito, con dos alas multicolores que aunque estuvieran en total oscuridad, brillaban de una manera naturalmente hermosa. Nada ni nadie más.
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Y para su sorpresa, el bicho le dijo:
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- Hola. Qué bien que te ha detenido para escucharme. Son pocas las personas que son así, de gentiles. Generalmente, cuándo me escuchan, se ponen a correr. Tampoco les culpo. El parque ése es tan oscuro….
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Bruno no creía en sus ojos. Tampoco en sus oídos.
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Pensaba que ya se volvía loco con la ausencia de su querida esposa. Pero, de nuevo el bicho empezó a decirle como que leyendo a sus pensamientos:
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- No. Jejeje… No está loco. Descuida. Hola. Soy Natasha y soy una princesa. Parece locura, lo sé, pero, se lo ruego, Gentil Señor, por favor, que me escuche. Yo era una princesa muy hermosa y vivía feliz en mi reino en la región de Bavaria. Mis padres me amaban y todos los súbditos del reino eran felices. No les faltaba comida, agua, honor y justicia. Nada. Y tantas cosas buenas han causado envidia a una bruja. Ella me ha hechizado . Mi hizo lo que soy hoy. Lo que me ve. Mi padre se murió de tanta tristeza por no tenerme a su lado. Mi madre tuvo que casarse de nuevo con el marqués que entregó mi reino a los enemigos. Han esclavizados las mujeres. La mayoría se ha muerto. Niños y ancianos primeros. De hambre. De sed. De frío. De tristeza. Necesito que me ayude, Señor. Hace tres siglos que así estoy. La bruja dijo que sólo volvería a ser lo que era, si un hombre de buen corazón me permitiera dormir en su cama. Que por la mañana, volvería a ser una princesa de nuevo. Joven y bella. Sin embargo eso no es fácil, porque con lo que me parezco, siempre intentan matarme. Por favor, Señor. Por favor…
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Esa fue la historia que Bruno se la contó, por la mañana, a su querida esposa para justificar la presencia de la rubia guapetona y de tetas enormes en su cama cuando Ana llegó un día antes de lo previsto.
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Ana no le creyó. Una lástima.
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Y ahora Ana necesita de un abogado. Y Bruno también. Bueno… Bruno no lo necesita ahora, ahora, ahora no porque el médico dijo que con alguna fisioterapia y mucha fuerza de voluntad, en algunas semanas podrá irse del hospital.
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Y todo eso es porque nos olvidamos de lo inocente que éramos.
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El mundo está fatal. Snif…

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