quinta-feira, 14 de janeiro de 2010

En el fin...

Desesperado….

- Perdón. Por favor, perdóname.

Aparentemente calma…

- ¿Perdonarte? ¿Por qué?

- Bruna… por favor…

- ¿Qué? ¿Te duele? ¿Estás arrepentido? ¿O qué?

- Bruna…

Aparentemente controlada…

- Perdonarte… ¿por qué? ¿Porque por una mera vanidad de hombre te has puesto a mi alcance siendo que, siempre has sabido que eras para mí inalcanzable? Que no me amabas. ¿Perdonarte porque por simple piedad ajena has pasado noches y noches en mi cama y en mi cuerpo mientras tus pensamientos estaban en cualquier otra mujer? Por lo menos es lo que me has dicho semana pasada mientras me rechazabas. ¿Te acuerdas? ¿Perdonarte porque has disfrutado de mi dinero y mi vida social para tu propio beneficio, para conquistar más y más placeres? ¿Perdonarte porque te dediqué cada segundo de mi puta vida porque te amaba?

- Lo sien…

-

A gritos…

-

- Noooooooooooooooooo. ¡Cállate! No me digas que lo sientes porque NO lo sientes. No sabes qué es sentir. Sabes la NADA. No sabes qué es portarse como gente decente. No sabes qué es escuchar a los otros cuando pasas y te dicen ”¡Pobre mujer. Nunca se da cuenta del marido pinche cabrón que tiene en casa. Ahora mismo, lo vi en el retrete con aquella rubia.” No, Nicolas. No sabes qué es fingir ser amado. No sabes qué es eso porque toda mi vida te he amado. No sabes. Es decir, sabes muy bien qué es ser idiota.

- Te lo ruego, Bruna.

- ¿Me lo ruegas qué? ¿Qué te deje ir? ¿Para qué? ¿Alguien te espera? No te esperará por mucho tiempo porque luego vendrá otro. No eres único. ¿Quién es ella? No. No me lo digas que no quiero apenarme de nadie más en la vida. Ya me basta yo.

- Bruna… siéntate... escúchame.

- Nunca me has escuchado. Mis palabras para ti eran como piedras en el río.

- Bru…

- ¡Cállate!

-

Horas después…

-

- Bruna… tuvimos tantos momentos felices siempre hay una manera. Hablemos de eso. Anda.

- Sabemos bien cual es la manera ésa.

- Noooooooo. Hay muchas maneras.

- No para ti, Nicolas.

- Bruna, no resulta en nada intentar explicártelo. No me escucharás. NO me darás ni siquiera una oportunidad de decirte que toda y cada una de la vez que te engañé era a mí que me engañaba, era por miedo. Por miedo de perderte y así hice que te perdía poco a poco para que el dolor se hiciera más soportable.

- ¿Más soportable? ¿Para quién? Para ti, obvio. Eres tan inconscientemente individualista e idiota que incluso cuando quieres defenderte, te jodes.

-

Desespero…

-

- Es lo que siento, carajos. ¿Qué quieres que te diga cuando me veo amarrado en cuerdas gruesas y tengo un arma que mira a mi cabeza?

- Está escrito en la biblia que la verdad salva…

- Fácil para ti mantener es sarcasmo cuando eres tú la que manda.

- La vida es así. A veces se gana y a veces se pierde. Oh... es que no sabes qué es perder.

-

-

Cansado...

-

- Oye, con sinceridad, no creo que tenga el valor de terminar eso.

- Nicolas…

- Anda mujer, si tuvieras EFECTIVAMENTE la intensión de matarme, ya lo hubieras hecho desde que llegamos aquí. Por lo tanto, dime lo que quieras, me amenaces lo cuánto quieras. Sé que, cuando te canses, saldremos nosotros dos juntos de la hacienda como si nada hubiera sucedido.

-

Tras mucho pensar, Bruna se lo dijo:

-

- Tienes razón. Tienes toda la razón.

-

Horas después, Bruna conduce a su coche por carretera de regreso a su casa en la ciudad. Cantaba las canciones antiguas que tocaban en la radio mientras tenía las manos aún un poco sucias de la sangre de Nicolas.

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