terça-feira, 23 de fevereiro de 2010

Jardín

Era una casa muy chistosa. No había techo. Nada había. Nadie podía entrar en ella, no. Por que la casa no había suelo. Nadie podía dormirse en la hamaca porque en la casa no había pared. Nadie podía hacer el pipi porque servicios no había allí.

Así es una canción folk de mi tierra y no, no es que la traducción está mala, es que efectivamente la canción es rara. Habla de una manera delicada sobre el alma. Nuestra "casa".

Desde niña es una de las primeras canciones que nos enseñan y claro en nuestra ingenuidad no nos damos cuenta de qué se trata. Siempre intenté imaginármela. Siempre sin sentido. jijiji…

¿Cómo era el jardín de la casa ésa?

Era un jardín largo. Desde la puerta de entrada, hecha en acero y modelos de ángeles querubines que desde de arriba nos miran con ojos grises, tristes, como quien no puede elegir a su propio destino.

Las plantas insisten en hacerse hermosas aunque no convencen a nadie, tampoco a si mismas.

Los bancos que antes invitaban a los amantes sublunares a quedarse siempre un ratito más, hoy tienen una postura de espera. Eterna espera. También no han podido elegir a su destino.

El lodo en las paredes nos muestra que ni el tiempo ni la realidad han sido piadosos con el jardín ése.

Lo han olvidado. Han intentado hacerlo secreto aunque sin mucho éxito. O ninguno. Desde de la calle, desde fuera, si miras con un poco de atención, estrecha los ojos y la mirada y el jardín se enseña omnipotente. No necesitas de suerte. Sólo atención.

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Entra. Ven. No te quedes sólo en la mirada. Acércate pero vete antes que oscurezca. Las oscuridad no me hace bien. Tampoco a ti.

El jardín tiene un nombre. Se llama memoria.

Soy lo que he sido. Lo que fui aún está en algún sitio acá. La pregunta es: ¿Quiero volverme al que era?

La respuesta es sencilla: No.

Hay mucho qué aprender.

2 comentários:

  1. Si por cualquier motivo perdemos la memoria volvemos a ser un ser en blanco, o sea nada.
    Por lo tanto somos producto de nuestra memoria y podemos ser más siempre que sepamos aquilatar lo que nos queda por aprender.

    Muitos beijos

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  2. Es el miedo más grande que tengo. Perder a mi memoria.

    Muitos beijos para você também

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