segunda-feira, 20 de dezembro de 2010

Pequeños milagros


Personalmente a mi no me gusta mucho esta época del año.


Mucho se escucha de la boca de las personas: prosperidad, felicidad, paz, amor, humanidad, bondad… en fin, palabras que son típicas de este período y se quedan olvidadas después del día 1º de enero hasta la próxima Navidad.


En ésta época generalmente reciben:


- Sus aguinaldos;


- Una tarjeta de agradecimiento por todo lo que hicieron durante el año por la empresa (aunque los de la empresa les jodió a cada minuto del año);


- Uno u otro regalo de otras empresas.


Y la felicidad se resume a esto. Tan sólo esto. La falsa felicidad.


Amargada. Puede que sea. El sin fe o el cansacio de ver cómo las personas se engañan diciéndose a si mismas:


- El próximo año todo será diferente.


Lo dicen y siguen haciéndolo a todo exactamente igual a los años anteriores esperando obtener resultado distinto del que ya conocemos.


La humanidad sigue siendo loca…


Hasta que escucho a una niña de 3 años, ojos más vivos que la propia vida, hablando a su mamá sobre las luces que han puesto en una de las plazas de mi ciudad:



- Mamáááááááááááááááááá… han bajado todas las estrellas del cielo para ponérselas aquí.



Cosas así me da ganas de creer en la humanidad.

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